Las Cosas Importantes de la Vida


Siendo ésta una página de BIENESTAR, creemos que es importante reflexionar sobre dónde encontrarlo... Empecemos desde el interior, desde los sentimientos.


Esta página de ONDALIUM no pretende ser sólo una web de salud, complementos alimenticios o cosmética, sino que realmente nace con la intención de ser un rincón en el que se cuide el BIENESTAR de la persona desde todas las perspectivas y creemos que este bienestar tiene que empezar a fluir desde el interior, desde lo que sentimos.


Por esta razón, el primer artículo debería ser una reflexión serena y desde dentro. En este sentido, pocas personas lo han sabido expresar mejor que la periodista asturiana

Ángeles Caso en un artículo en su columna "Un cierto silencio” en enero

del 2012, titulado "Lo que quiero ahora", publicado en el «Magazine» de La Vanguardia, que en su momento le valiera ganar el prestigioso Premio Julio Camba de periodismo. Tras conocer el fallo del jurado, la autora aseguró que el texto versa sobre "LAS COSAS VERDADERAMENTE IMPORTANTES DE LA VIDA”.


LO QUE QUIERO AHORA


Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un

hombre que no posee nada material, pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.


Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio

y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeralda